Los frutos - La práctica


APRENDER A MEDITAR SEGUN LA TRADICION CRISTIANA

Para entrar en la misteriosa y santa comunión con la Palabra de Dios en nosotros, es necesario entrar con coraje y decisión en el silencio interior, volvernos más y más silenciosos. En un profundo silencio creador, nuestro reencuentro con Dios trasciende todas nuestras capacidades de razonamiento y de palabra.

El descubrimiento de nuestros propios límites nos lleva a un silencio que exige estar atentos, concentrados y presentes, más allá del pensamiento.

Sobre este silencio, Padre John Main nos dice:

"El misterio de nuestra relación con Dios es tan vasto que es solo desarrollando nuestra capacidad de alcanzar un silencio pleno de respeto y veneración que podremos tomar conciencia de su maravilla,…. Sabemos que Dios está en lo más profundo de nosotros, y que nos trasciende de manera absoluta. Es solo por un silencio profundo y liberador que podemos conciliar los polos de esa misteriosa paradoja. En efecto, la liberación experimentada en la oración silenciosa, nos permite eximirnos de los efectos de distorsión inevitables de toda verbalización, desde el principio de nuestra experiencia de la trascendencia de Dios y de su presencia en lo más profundo de nosotros." (Padre John Main - La palabra dentro del silencio).

La meditación es un estado de completa apertura, un estado de total vigilia y atención a la maravilla de nuestro ser, así como a la de Dios, una toma de conciencia absoluta que nos hace uno con Dios.

Es el objetivo al cual nos exhorta el salmista: "Deténganse, conozcan que yo soy Dios". Para alcanzar ese objetivo, tenemos a nuestra disposición un medio muy simple, aquel que San Benito trajo a la atención de sus monjes hace mas de seis siglos recomendándoles la lectura de las Conferencias de Juan Casiano (Regla de San Benito 42,6,13; 73,14).

Casiano recomendaba a todas las personas deseosas de aprender la oración continua, repetir sin cesar un simple y corto versículo. En su Décima Conferencia, recomienda este método de repetición simple y constante, para apartar de nuestro espíritu toda distracción y todo pensamiento, y llegar así a un estado de reposo en Dios (Juan Casiano - Conferencia 10,10).

Toda la enseñanza de Casiano sobre la oración está basada en el Evangelio: "En vuestras oraciones, no machaquen como los paganos, ellos se imaginan que hablando mucho serán mejor escuchados. No hagan como ellos, ya que vuestro Padre sabe bien lo que les hace falta, antes de que ustedes se lo pidan" (Mateo 6:7-8).

En resumen, no se trata cuando se ora, de hablar a Dios, sino escucharlo o estar con él. Esto es lo que Juan Casiano intenta transmitir cuando aconseja a quien quiera orar, permanecer atento, calmado e inmóvil, recitando continuamente un corto versículo. El método recomendado por Casiano le llegó de una anciana tradición ya bien establecida en su tiempo, una tradición universal e inmutable. Mas de mil años después de Casiano, el autor (desconocido) de la Nube del no saber, recomienda repetir una simple palabra: "Y es por eso que hace falta orar en la altura y en la profundidad, en el largo y ancho de nuestro espíritu, y esto no por vocablos y numerosas palabras, sino con un pequeño vocablo de una breve sílaba".

En la tradición oriental, esa palabra se llama Mantra. Así, en adelante "palabra oración", "palabra sagrada" o mantra, significarán lo mismo.

Sobre esta palabra oración o mantra, John Main explica:

"En ausencia de maestro para guiarlos, sería juicioso elegir una palabra que haya sido consagrada en el curso de los siglos por nuestra tradición cristiana. Desde el principio la Iglesia ha utilizado ciertas palabras como Mantras para la meditación cristiana, y yo recomiendo a la mayoría de los principiantes utilizar una de entre ellas: "Maranatha", palabra aramea que significa: "Ven Señor", "Ven Señor Jesús". Por otra parte, San Pablo termina su epístola a los Corintios con esa palabra, igual que San Juan en su Apocalipsis. Se le encuentra también en algunas de las primeras liturgias cristianas. Más allá de esto, prefiero la forma aramea a cualquier otra ya que ella no posee ninguna connotación verbal o conceptual para la mayoría de nosotros, lo que facilita la meditación. Se podría muy bien optar por el nombre de Jesús o aún mas por la palabra que Jesús utilizaba en su oración:: "Abba", palabra aramea que significa "Padre". Pero, lo que es mas importante referente al Mantra, es que hace falta escoger uno de preferencia con la ayuda de un guía y conservarlo. No lo modifiquen de ninguna manera, vuestra progresión en la meditación se vería retardada" (John Main - La palabra dentro del silencio).

Según Juan Casiano, el objeto de la meditación es restringir el espíritu a la pobreza de un humilde versículo. La meditación nos hará ciertamente ver la pobreza de otra manera. La perseverancia en la repetición del Mantra, llevará a una comprensión más y más profunda, a partir de la experiencia personal, de esta declaración de Jesús: "Bienaventurados los pobres de espíritu" (Mateo 5:3). Aún más, perseverando en la repetición fiel del Mantra, se aprenderá de manera muy concreta el sentido del término fidelidad. Así, en la meditación proclamamos nuestra pobreza personal. Renunciamos a todo pensamiento, palabra o imagen, restringiendo la actividad de nuestro espíritu a la pobreza de un único versículo. El proceso de la meditación es entonces la simplicidad misma.