Meditación - La práctica


LOS FRUTOS DE LA MEDITACION CRISTIANA

La contemplación es un elemento esencial y universal de la persona y de la vida humana. Marta y María son hermanas (Lucas10:39-42), dos dimensiones complementarias de la persona, no solo dos tipos de personalidad. Sin la quietud de María en el centro, escuchando al maestro, nos volvemos como Marta, irritables, quejumbrosos, descontentos, distraídos. En efecto tanto María como Marta están trabajando, una interiormente, la otra exteriormente. La contemplación no es una forma de escapar al trabajo, es parte de nuestro trabajo y nos ayuda a hacer mejor la otra parte. Marta y María no solo se complementan, se necesitan para alcanzar la plenitud de la vida.

"Cada vez que meditamos, avanzamos hacia ese despertar, ese estado de Ser en la luz. Y cuanto mas completamente integramos esta experiencia Cristiana básica a nuestra vida ordinaria, más despiertos estamos. Esto hace de nuestra vida una jornada de descubrimiento, una exploración y un milagro constantemente renovado de vitalidad creada. Meditar es poner fin a la tristeza, al miedo, y por sobre todo a la pequeñez…Esta es la experiencia Cristiana básica…Es perenne, incambiable, pero al mismo tiempo es nueva para cada generación…para cada individuo y para cada vez que meditamos. Cada vez que meditamos, entramos en la presencia vitalizadora y creativa de Dios…La dinámica de esta experiencia es siempre la conversión, un volcarse del yo al Otro, un descubrimiento de un reino mas allá de nosotros mismos y, no obstante, es en donde tenemos nuestro único y verdadero lugar" (Padre John Main - Escritos esenciales;"Despertar").

Los frutos de la meditación se percibirán en la vida diaria y especialmente en las relaciones interpersonales. El cambio puede no ser rápido, puede ser imperceptible al principio, pero de a poco se empezará a manifestar lo que Pablo llama "Frutos del Espíritu" (Gálatas 5:22). Estos son:

  • Amor: Es el don más alto. Amor por todos y por toda la creación.
  • Alegría: Encontramos un nuevo gozo en la vida. Se encuentra un nuevo sabor por las cosas simples y naturales de la vida.
  • Paz: Es el regalo que Jesús nos da en su Espíritu. "Es la energía de su propia y profunda armonía interior con El mismo, con su Padre y con toda la creación" (Padre Lawrence Freeman, Meditación Cristiana; práctica diaria, pag. 49).
  • Paciencia: Es la cura para nuestros propios estallidos de irritabilidad, rabia e intolerancia, y para todas las maneras con que tratamos de controlar y poseer a los demás.
  • Afabilidad: Es el regalo para tratar a los demás como nos gustaría que ellos nos trataran a nosotros.
  • Bondad: Somos esencialmente buenos y nuestra naturaleza humana es semejante a Dios porque somos creados por Dios y porque Dios vive en nosotros. Nos hacemos capaces de expresar esa bondad.
  • Fidelidad: Es el regalo que llega con la disciplina de la meditación diaria.
  • Mansedumbre: Es la práctica de la no violencia hacia los demás, como hacia nosotros mismos.
  • Dominio de sí: Es necesario si queremos gozar de la vida en total libertad del Espíritu. Es el fruto del equilibrio de la meditación.

"Todos estos dones son liberados a medida que aprendemos a escuchar el lenguaje del corazón, que es el silencio que espera por nosotros más allá de la órbita de nuestro insano apego al ruido. La fuente de nuestro Ser es también la fuente que nos sana y nos unifica. Ser una unidad es ser santos. En la meditación somos santificados en y por el proceso de ser sanados" (Padre Lawrence Freeman, Meditación Cristiana; práctica diaria, Pág. 50-51).