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Esta es una serie de cuatro charlas que intentan ser una introducción a la práctica de la meditación Cristiana. Aprender a meditar no es sólo dominar una técnica, es mucho mas, es aprender a apreciar y a responder directamente las profundidades de tu propia naturaleza; no solo la naturaleza humana en general sino tu propia naturaleza en particular. Idealmente debes encontrar un maestro que te guiará en este peregrinar. Estas charlas pueden inspirarte a encontrarlo. En la primera charla quiero mostrarte el contexto Cristiano de la meditación. Primero déjame decirte, que en estas charlas utilizo el término meditación como sinónimo de contemplación, oración contemplativa, oración meditativa etc. El contexto esencial de la meditación se encuentra en la relación fundamental de nuestras vidas. La relación que tenemos como criaturas, con Dios nuestro Creador. Sin embargo la mayoría de nosotros, debemos dar un paso preliminar, antes de comenzar a apreciar completamente la maravilla y el misterio glorioso de esta relación fundamental. La mayoría de nosotros tenemos - si puedo usar esta frase la mayoría de nosotros debemos primero entrar en contacto con nosotros mismos. Tener una completa relación con nuestra alma antes de volvernos abiertamente a nuestra relación con Dios. Diciendo esto de otro modo, podemos decir que primero debemos encontrar, expandir y experimentar nuestra propia capacidad de paz, de serenidad, de armonía antes de comenzar a apreciar a Dios nuestro Padre quien es el autor de toda armonía y serenidad. La meditación es un proceso muy simple en el cual nos preparamos, en primera instancia, para estar en paz con nosotros mismos, de manera que seamos capaces de apreciar la paz de Dios en nuestro interior. La meditación a la cual muchas personas son motivadas a aprender, como una forma de relajación de retener paz interior a través de las presiones del mundo moderno, esencialmente no está mal, pero si esto es todo, la visión es muy limitada. Porque a medida que nos volvemos mas y mas relajados, mientras mas meditemos, nos hacemos mas conscientes que la fuente de nuestra vida es precisamente la vida de Dios dentro de nosotros.
Lo primero que nos debe quedar claro es ¿cómo meditar? y desde allí podemos llegar a la pregunta ¿ por qué debo meditar?
La práctica es muy sencilla. En la tradición que compartiremos con ustedes, cada uno debe aprender a estar quieto, callado, a estar profundamente silencioso. Y el silencio es muy importante y dentro de este silencio es en donde encontramos el camino hacia la revelación, hacia la iluminación. Y el camino al silencio es la práctica de decir la palabra, el mantra. La palabra que les recomiendo decir es una palabra en arameo, Maranata. Para meditar entonces, siéntese derecho, quieto y luego internamente repita su palabra MARANATA. Es esencial decir la palabra de principio a fin, y es esencial meditar todas las mañanas y todas las tardes. El tiempo ideal es 30 minutos, si lo encuentran muy largo comience con 20 min. gradualmente aumente a 25min. y luego a 30 min. por un período de 6 meses.
Y ahora, ¿por qué meditamos? Por que sabemos que no podemos estar contentos viviendo una vida superficialmente. No podemos estar contentos con comprometer nuestras vidas con lo trivial con lo que va pasando, debemos tener contacto con algo mas sólido, algo mas perdurable. Pueden leer todos los libros escritos sobre meditación desde hace siglos. Pueden dominar con maestría todas las técnicas que se enseñan, pero sin la práctica todo conocimiento adquirido, será de muy poca ayuda. En la meditación es de suprema importancia una vida que tratará de entrar en su potencial divino, porque la meditación es el camino de prestar atención absoluta a la presencia de Cristo en nuestro interior. Para hacer esto debemos llevar la atención fuera de nosotros mismos. Vivimos la vida observándonos desde afuera. La meditación es el camino de volver hacia dentro de nosotros, hacernos uno solo con nosotros mismos, de manera de no ver la realidad como si fuera un espejo, con todas las imágenes al revés, incluyendo nuestra propia imagen, y Su presencia dentro nosotros es para cada uno de nosotros poder, el poder de ir mas allá de nosotros mismos, trascendernos, y entrar hacia el misterio de Dios. Una cosa es necesaria y es que nuestra apertura en la meditación debe ser incondicional. Debemos aprender a meditar sin demandas, sin condiciones, porque solo entonces podremos trascender nuestros propios deseos. Iremos a Dios con Cristo a su ritmo y a su tiempo y en su poder.
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